Entrevista a Samuel Gibert

samuel gibertJose Luis Urrutia, guionista y director escénico de Ugaoko Bidea, tiene una web personal -www.joseluisurrutia.com- en la que incluye una sección titulada Charlando con... dedicada a entrevistar a personas relacionadas con el arte en general.


Su última entrevista ha sido al actor Samuel Gibert Cobos. Precisamente por esa calidad de actor la reproducimos íntegramente.

 

Samuel Gibert Cobos es uno de esos actores difíciles de definir o de catalogar.

Hace unos meses tuve la buena suerte de verle actuar en su obra <Las crónicas de Alain Telón> y recuerdo que en varios momentos de la misma llegué a definirlo internamente como <Actor de los dos corazones> por la energía desplegada sobre el escenario, y como <Jinete desbocado pero con la mirada puesta en un horizonte muy bien marcado>, por el ímpetu y por la decisión con que acometía cada segundo de la respresentación.

La entrevista que sigue es amplia, muy amplia, pero, al igual que sucede con las buenas obras, da pena que se acabe.

 

CHARLANDO CON...: ¿Cuándo descubrió Samuel Gibert su atracción hacia el <mundo de las tablas>?
SAMUEL GIBERT COBOS: En el colegio me gustaba mucho actuar, ¿no suena clásico en lo que se refiere a los inicios de los actores? En 4º, 5º y 6º de EGB fui el protagonista de las obras que se representaban en carnaval. En la obra 6º de EGB escribí y dirigí yo la obra por añadido. Convencí a unos pocos para ensayar en los recreos. Creo que para mi era como jugar a hacer películas, o al menos lo mas parecido. Desde luego me sentía en mi salsa, aunque no me diese cuenta. Luego llegó 7º y se fastidió la cosa, pasamos al turno de los y, claro, los no hacen esas cosas, no habia interés ni en los compañeros ni en el profesorado. Así que mi como actor dio un parón bastante importante. Durante BUP, me gustaba escribir guiones ficticios basados en mis profesores, claro está eran paródicos todos, porque respondía al perfil clásico del futuro actor que hacía imitaciones de sus tutores. Yo iba un paso por delante y hacía hasta guiones. Los escribía y se los pasaba a mis amigos. Nos reíamos mucho, pero si los profesores hubieran leído lo que escribía... También con mi padre he grabado muchas improvisaciones de humor en casette. Nos encantaba grabar y torturar a los amigos y familiares con nuestras grabaciones. Muchos años más tarde, después de escribir artículos sobre cine, dedicarme a la fotografía o a la poesía, decidí que tenía que hacer lo que más me pedía el cuerpo: actuar y sobre todo estar dentro de la maquinaria donde se producen las obras de teatro. También puedo decir que en mi familia el arte ha estado muy presente, tanto en música a través de mis padres como en pintura y en teatro, a través de mis abuelos o en dibujo a través de mi hermano. De ahí que me dio incluso por tocar la guitarra acústica y por la danza, aunque esas disciplinas las hice de más mayor. Todo el paso de los años ha sido añadir cosas positivas a mi creatividad. Y todo lo que he aprendido parece haber tenido su desembocadura en el teatro.

 

CHC: Dentro de esa atracción, ¿qué le seducía más, el cine, la televisión, el teatro?
SGC: Creo que el cine siempre me ha encantado y mi cultura es cinéfila, pero al teatro le encontré muchas más ventajas: se hace sin muchas complicaciones técnicas, se conoce la reacción del público y se le siente, y sobre todo uno tiene, como actor, más control sobre lo que está haciendo. Es inmensamente más creativo el teatro que el cine y la televisión, para un actor. Así que empecé en esto de la interpretación con pensamiento de cinéfilo y terminé decantándome de forma natural al teatro. Además me encanta poder estar en cualquier parte de mi universo mental sin tener que irme a exteriores o buscar decorados reales, todo se hace en un sitio bien iluminado y calentito, así es el teatro, sobre todo cuando se ensaya.

 

CHC: Su carrera se ha encaminado especialmente al teatro. ¿Qué era, qué significaba para el niño Samuel el teatro?
SGC: Pues una forma de jugar a ser mis héroes de toda la vida, los que veía en el cine y en la televisión. No sólo los actores y los personajes sino también los directores de cine. Con siete años sabía el nombre de Spielberg, Lucas, Kubrick y Hitchcock. También sabía quienes era Cary Grant, Harrison Ford y los Monty Python. Y sobre todo me encantaban las sitcoms americanas, que era como un teatro cómico filmado, con risas de fondo de público real. Pero creo que los que mejor me dieron un sentido del poder del escenario fueron Les Luthiers; algunos de sus espectáculos, que pude ver por televisión y grabarlos en video, me parecían increíbles. También escuchaba sus cintas, que eran como sus espectáculos pero en audio, y se convirtieron en mis héroes. También adoraba a Tricicle. Veía sus espectáculos en video mil veces. Yo quería ser todos ellos, y el teatro podría servirme de herramienta para ser ellos. Por supuesto, luego salía lo que salía.

 

CHC: ¿Ha tenido ocasión de ver aquellos famosos Estudio 1?
SGC: Ahora tengo un montón de Estudios 1 en dvd, y doy gracias a sus editores por dejar ese pedazo de historia televisiva al alcance. Aunque recuerdo de pequeño ver dos obras de Estudio 1 que me impresionaron: Maribel y la Extraña Familia y La Taberna Fantástica. No se si eran de Estudio 1 pero desde luego eran de RTVE. Me creía todo lo que pasaba y me parecían historias con personajes fascinantes.

 

CHC: Si es así, ¿qué opina de ellos?
SGC: Hoy en día algunas obras las veo un tanto falsas de interpretación y dirección, muy mecánicas, otras se mantienen en pie gloriosamente. Por ejemplo está la versión de Hamlet que me parece aburridísima y vacía de carácter, como si hubiera algo que sus realizadores no llegasen a entender, una visión muy conformista y superficial; luego está Doce hombres sin piedad, que sigue estando genial aunque sea una fotocopia en parte de la versión cinematográfica de Sidney Lumet. Me parece que salvo excepciones, se hacían demasiado deprisa las producciones de Estudio 1. Muchas fueron muy mecánicas, muy en plan , pero aún así es importante la labor que hicieron. Me parecen considerables Las brujas de Salem y Cianuro, ¿solo o con leche? En cambio, Un marido de ida y vuelta, una comedía desternillante de origen, me pareció sosa, sin rumbo anímico.

 

CHC: ¿A qué edad y cómo fueron sus inicios como actor?
SGC: Si nos referimos a cuándo decidí ser actor y emplearme en serio en ello creo que con veintitrés años, por ahí. Tenia muchos bloqueos en los inicios, muchas ideas preconcebidas. Me costaba sentir lo que hacía en escena, quería vender tanto mi interpretación que salía constreñido. También sucedía que suplía mi miedo a no saber hacerlo bien y a ser natural con querer controlarlo todo, hasta el último paso. Los principios fueron duros, histéricos. Aprender a actuar con todas sus consecuencias tiene tela. Eso sí, me lo tomé muy en serio, pensaba que estaba ya en edad de hacer algo mío propio que valiese la pena. Y así fue.

 

CHC: ¿Cuál es el recuerdo más agradable que guarda de aquellos inicios?
SGC: Creo que cuando descubrí que podía hacer reír al público en una obra de teatro con actores de nivel. Fue en el estreno de La posadera en la Escuela Artebi. Lo pasé mal en muchos ensayos, porque tenia muchas dudas sobre lo que hacía, y tenía la sensación de que todos eran mucho mejor que yo, y creo que lo eran en muchos aspectos. Tampoco pensé que estuviese haciendo algo extraordinario, no tenía mucha fe en esa obra, en lo que se refería a mi participación. Resulta que en el estreno la gente se volvía loca con mi personaje. Y eso que salía entre los que menos y hablaba poquito, y menos mal porque no tenía entonces yo mucha capacidad de memorizar. El estreno fue increíble, el subidón de ego fue genial, y por esa obra gané un par de premios. Por primera vez disfruté de verdad haciendo teatro en una obra. Creo que desde ese momento el teatro por fin cambió mi química. Hasta entonces era provocador pero bi-dimensional y limitado a mis propias ideas.

 

CHC: ¿Y el menos agradable?
SGC: En una ocasión, haciendo una improvisación en la escuela lo hice tan rematadamente mal, y evidentemente mal, que pensé que no podía ser un actor profesional, que no estaba preparado emocionalmente para ello. Fue duro porque quede muy en evidencia, figúrate que hasta llegó a ser físicamente peligroso. A partir de ahí tuve que reconsiderar a lo que me estaba enfrentando, que era a mí mismo y me sentía muy perdido en aquella época. Ese día dije en voz alta <Esto lo dejo, no sirvo>. Pero la profesora me colocó en mi lugar: <Ni escuchas, ni ves ni oyes. Ése es tu problema>, y tenia verdad en sus palabras. Que alguien te diga eso te pone las pilas y te aclara las neuronas. Desde ese día las cosas cambiaron, aunque lentamente.

 

CHC: ¿En qué momento de su carrera se consideró actor?
SGC: Nunca he llegado a tocar esa consideración. Es decir, si se actúa, uno es actor, por lo menos en el plano artístico, en el nivel que sea. Y como cada vez que he actuado, incluido en los inicios, he sentido intensamente lo que estaba haciendo, jamás me planteé cosas en plan <Oh, ya soy actor. Mis pelos se ponen como escarpias, éste es mi sueño cumplido> o cosas asi. Creo que uno se convierte en actor, y no en alguien que actúa, cuando empieza a arriesgar algo de sí mismo ante los demás, cuando empieza a mostrar su trabajo no sólo a sus familiares y amigos, así que siempre, supongo, he sido actor desde el primer día. Pero en mi caso, no tengo un discurso mental que me diga , tengo uno que me dice <Actúa bien, tío>.

 

CHC: ¿Por qué se decantó hacia el teatro?
SGC: Bueno, creo que he respondido más o menos a eso, pero puedo repetirme con mucho gusto con otras palabras: para mí es la forma de arte más instantánea que conozco, más práctica, más rápida y directa de dar rienda suelta a mi creatividad. Si necesito actuar no requiero más que de un escenario y ya me puedo poner a crear algo que sea digno de mostrar. La pena es que el teatro es muy efímero, no queda más que en el recuerdo de las personas que lo han visto en el momento que se realizó. No es como un cuadro que se cuelga y ahí queda o una peli que queda grabada. Quizás ese <pero> también me atraiga porque tiene algo de momento mágico y único, esas cosas increíbles que uno hace y sólo suceden en todo su esplendor una vez, luego las intentas repetir pero no es lo mismo, cambia para mal o para bien, pero cambia. Creo que el teatro es el arte que más vivo me hace sentir.

 

CHC: Hay quienes opinan que actor o actriz es solamente aquél o aquélla que vive de ello. ¿Está de acuerdo?
SGC: Aquí me pongo en plan didáctico porque no se trata tanto de una opinión sino de un uso adecuado del lenguaje. Una cosa es ser actor profesional, que es el que actúa para ganarse la vida, y luego está el actor como artista que se dedica a hacer arte, haya pasta o no. Curiosamente pueden ir por separado estas dos visiones de ser actor como pueden ir juntos (preferiblemente). Y si me pongo en plan fundamentalista lo tengo claro: un actor es el que actúa y si lo hace bien es un pedazo de actor. Luego está que le saque fines económicos. ¿Dirías que alguien no es pintor porque no vende sus cuadros pero pinta como Goya?

 

CHC: ¿Existe un público de teatro sobre escenario, de teatro de calle, de microteatro... o el amante del teatro valora la calidad por encima de las demás cosas?
SGC: Creo que existe el amante del teatro de toda la vida, el que le gusta ir a los teatros con su escenario, sus butacas y su obra de teatro, que le gusta incluso acudir como cosa social, y que disfruta de un titulo de obra señero. Y luego están los amantes de la novedad y lo diferente, los que se abren a las cosas vanguardistas. Los dos son buenos amantes del teatro. Todos buscan entretenimiento y sentir algo vivo delante de sus ojos. Tal cual como están las cosas cualquiera que vaya a ver teatro por amor al arte será digno de mención, dando igual el estilo que le guste.

 

CHC: ¿Cómo se definiría como actor?
SGC: Uno que trata de hacer siempre algo que le merezca la pena actuando.

 

CHC: ¿Qué virtudes son las que destacaría de sí mismo?
SGC: Creo que disfruto mucho con lo que hago. Ésa es mi mayor virtud. Me apasiona. No me deja dormir, me estimula mi trabajo. Y no me rindo fácilmente.

 

CHC: ¿Existe algún papel o algún registro con el que no se atrevería?
SGC: No me atrevería con algo que me sea aburrido de hacer. Tener que prepararme para algo que no me llena es mi peor pesadilla como artista teatral. Ahí soy muy radical, porque si me meto en esto es para brillar con mi buena luz. He dicho que no a cosas porque me producían indiferencia y tedio. No se trata tanto de registros sino de saber si sirve para algo positivo.

 

CHC: ¿Sobre qué escenario le gustaría trabajar?
SGC: Sobre el escenario de la Royal Shakespeare Company en Stratford Upon Avon. Se debe visitar para entenderlo y, por supuesto, ver una obra. Me parece una de las máximas aspiraciones que se puedan tener como actor de teatro. Pero en el escenario más pequeño puedo sentir que estoy en el centro del universo. Qué bonito, ¿eh?

 

CHC: ¿Con qué director o directora le gustaría trabajar?
SGC: Creo que me hubiera gustado trabajar para Albert Boadella. Los de Els Joglars son otros que me han inspirado mucho. Y, en plan soñador, que no hace daño, si me hubiera dirigido Kenneth Brannagh me parecería la pera.

 

CHC: ¿Un guionista que le subyugue?
SGC: Rafael Azcona. Sus películas, algunas llevadas al teatro, son una delicia. Creo que Tenesse Williams era un genio, y Arthur Miller un fiera de la dramaturgía.

 

CHC: Preferencias como actor y como espectador: ¿Comedia, drama, tragedia?
SGC: Me gustan las tres. Me tira más quiénes y cómo se hace el espectáculo que el género en sí mismo. Me llenan todas aunque soy consciente de que los tiempos actuales piden comedia como aspirina para el dolor de cabeza porque estamos perdiendo como sociedad el sentido del humor real. Demasiado humor hace que las cosas pierdan sabor.

 

CHC: Más preferencias: ¿teatro tradicional, teatro contemporáneo?
SGC: Bueno, dentro de poco tendremos que reanalizar qué es teatro contemporáneo porque las décadas avanzan y lo que era moderno ya puede empezar a sonar a clásico, o ecléctico en su defecto. Supongo que soy del tradicional.

 

CHC: ¿Qué obra le gustaría representar?
SGC: Me gustaria hacer Hamlet de una vez por todas, y ser Hamlet. Ya se que todos los personajes de la obra son magníficos pero quiero ser Hamlet. Y me encantaría hacer La taberna fantástica, hacer de El Rogelio. Me encantaría hacer alguna de Neil Simon también, quizás La extraña pareja. En fin, hoy digo esto, mañana puedo decir otra cosa.

 

CHC: ¿Su actor y actriz favoritos?
SGC: Esta pregunta cambiaría de respuesta en unos días porque puedo pensar en tantos que me gustan... Derek Jacobi, Richard Dreyffus, Michael Caine y por el lado de las chicas creo que Susan Sarandon, Anne Bancrofft o Sigourney Weaber... Ya te digo, la semana que viene te puedo decir otros y otras. Siento admiración por muchos. El año pasado me hice con las biografías de Alec Guinnes, Lawrence Olivier, Christopher Lee, Peter Cushing... Lo mío es una pedrada que va por rachas, en lo que se refiere a tener favoritos.

 

CHC: Cuénteme, por favor, cómo son las dos horas previas a levantarse el telón. ¿Qué hace Samuel Gibert, qué piensa, qué come, qué rituales sigue?
SGC: Me preocupo de que todo esté bien, de tener todo a punto, cualquier cosa técnica que esté clara. Y después, unos veinte minutos antes de la obra me doy una vuelta por la calle, suelo dar una última ojeada al exterior y después me vuelvo para dentro del teatro pensando <Próxima salida: la actuación>. Si tengo que empezar la obra muy cargado me voy a correr unas cuantas manzanas, si consigo que no me vea nadie del público, claro. También me gusta crear un poco de buen humor en el ambiente antes de empezar la obra, hablar con el equipo de producción y con los técnicos, intentando quitar hierro y seriedad al asunto. Quizás lo hago para quitarme nervios. Tengo la mala costumbre de contar cuánto público viene a ver la obra. Está mal visto pero lo encuentro necesario, a veces hay que ser consciente de cuánta gente tienes.

 

CHC: Y cuando el telón baja y los aplausos se evaporan, ¿qué siente Samuel Gibert?
SGC: Que tenemos que recoger la obra y eso me tedia. Si se trata de un estreno necesito alejarme de la obra una semana a veces, porque la tengo muy presente y soy incapaz de valorarla en su plenitud. Pero cuando la haces muchas veces disfrutas de la representación y después tienes ganas de irte a casa, cada vez más. Y sobre todo intento pensar que la próxima vez tiene que salir mejor. A veces, si te digo la verdad, aún gustándome los aplausos estoy ya con la mente puesta en otra cosa al bajar el telón. Cuando hago el saludo de despedida pienso <Bueno, labor cumplida, a casa>. A veces me da pena acabar la obra, disfruto mucho actuando pero cuando acaba la obra, en la última frase, acaba y punto. Es difícil de explicar...

 

CHC: Al finalizar una obra, ¿qué queda en Samuel Gibert del personaje que acaba de interpretar?
SGC: Cuando acabo una obra me quedo feliz del trabajo cumplido, del personaje me queda su histeria y su adrenalina por lo menos unas cuantas horas. La verdad es que vivo las obras como una especie de sueño lúcido, después despierto al acabar la obra y me queda la sensación de haber sido poseído por otro que en realidad soy yo mismo en otro universo paralelo, mentalmente está fuera de mi pero su físico todavía me posee... Esto analizado seguro que se entiende... Del personaje queda siempre una cosa dentro de mí: la consciencia clara de que ese personaje es obra mía, así que en parte se queda conmigo como un compañero. Cuando acabo una obra intento no estar con el público hasta pasados unos minutos porque estoy todavía aturullado por la obra y puedo decir cualquier aberración a una persona que viene a saludarme.

 

CHC: ¿Cómo se despoja de la piel y de los sentimientos del personaje recién acabado? ¿O acaso espera que el personaje se vaya por sí mismo poco a poco?
SGC: Creo que me voy del personaje al de poco de acabar la obra, aunque debo esperar un ratito. Al menos me voy de la psique del personaje. Luego me pueden quedar otras cosas pero tienen que ver más con el cuerpo al que le he sometido a otra forma de personalidad. Durmiendo se consigue volver a la normalidad.

 

CHC: Su formación como actor, ¿se basa en un método concreto o en varios?
SGC: Creer, jugar e imaginar. Se consigue creer en lo que se hace trabajando la imaginación, y la imaginación es un músculo que se desarrolla con el paso del tiempo si hace uno el esfuerzo. El juego es el estilo para trabajar con esas herramientas. También existen otras técnicas cuando te falla la imaginación, creo que fingir es la más habitual. Y si puedes fingir bien, pues mejor. También es importante estar abierto a la atmósfera y al reparto, dejar que las cosas hablen y te llamen. Es una forma de entrar en lo auténtico y no en lo vacuo. Y, por supuesto, ¡POR SUPUESTO!, saberse el guión a la perfección hasta tal punto que podrías hacer el pino puente y recitar las frases. Que puedas decirlas hasta en el centro de un huracán. No falla, saberse el guión como el numero de teléfono te da mucha flexibilidad con él.

 

CHC: ¿Cómo es la preparación cotidiana de Samuel Gibert entre obra y obra? ¿Sigue algún tipo de <entrenamiento> para no <perder la forma>?
SGC: Esto me recuerda que estoy en muy baja forma últimamente. Durante cinco años he realizado danza jazz, me ha ayudado a tener el cuerpo bajo control y con aguante para las obras en las que actuado hasta incluso dos horas en escena de continuo. A veces he ido a correr, a nadar, hacer yoga... Ayudan esas cosas no sólo al cuerpo sino también al espíritu. Es lo que se llama . Eso sí, después de los estrenos me mal cuido como premio.

 

CHC: ¿Cuál ha sido su mayor metedura de pata en directo, si es que ha habido alguna?
SGC: He tenido algunas meteduras de pata. Lo peor que he podido hacer es decir las líneas de diálogo de una compañera de escena creyendo que eran mías. También una vez mandé a tomar por saco un escenario y por pura suerte no cayó sobre alguien. En Enrique V tenía que girar en directo un panel que mostraba una espada con la que tenía que actuar y me equivoqué de panel, rectifiqué rápido pero se notó demasiado. Aunque ensayes mil veces te equivocas en lo más tonto a veces.

 

CHC: ¿Y el momento en que más ha disfrutado, en que más se ha emocionado, en que se ha felicitado por elegir la carrera artística?
SGC: Creo que me sentí increíblemente bien conmigo mismo con Las crónicas de Alain Telón y su estreno, creo que fue por fin la primera cosa creada y producida por mí que funcionaba con el público tan bien como la imaginé. Tuve un antes y después de Alain Telón, porque todo lo que vino después mantuvo la calidad adecuada. A pesar de Si tu supieras o Alguien, que tuvieron una buena acogida y me gustaron mucho, Alain Telón ha sido una referencia para mí hasta hoy. Enrique V, Todos los votos del mundo y la próxima Bilbao 31-F se benefician de ese subidón.

 

CHC: Actor, guionista, director... ¿No teme al viejo dicho de <Quien mucho abarca poco aprieta>?
SGC: El dicho que citas se refiere a cuando haces todas esas cosas a la vez. Y no las hago. Escribo primero, en mi ordenador las obras en las que me gustaría actuar y a la hora de llevarlas a escena ¿quién mejor que yo para dirigirlas e interpretarlas?, dado que estoy cualificado para ello. Es mucho más normal en la historia del teatro que los dramaturgos sean los directores de sus obras e incluso actúen en ellas, no hay nadie que mejor las entienda. Cuando tienes una visión clara de lo que quieres hacer, errado o no, vas con todas las consecuencias. La primera obra que escribí en serio y que iba a dirigir no quería protagonizarla, hasta que un compañero que la pudo leer y a quien le propuse hacer el papel protagonista me dijo que lo mejor era que yo la protagonizase, porque estaba claro que era el que mejor iba a entender el tinglado. Es lo que pasa cuando eres actor, es irremediable el atractivo de hacer todo lo que puedas acaparar, porque cuanto mayor es la pretensión más grande es la tarea, y yo soy una persona muy pretenciosa.

 

CHC: A la hora de escribir un guión para usted mismo, ¿escribe las mismas frases, propone la mismas situaciones que si fuera para otro actor?
SGC: Cuando escribo un guión intento pensar como un guionista que sea capaz de visualizar en su mente la obra ya actuada. Si es para mí, cuando escribo pienso en mí actuando en ella. Lo que procuro es visualizar en mi imaginación y no preocuparme al 100% de cómo hacer actoralmente esa imagen mental, de eso se encarga mi yo actor después. Esta claro que una cosa es soñar con el papel y el boli y otra llevarla a la práctica. Me sucede, en mi última obra, que me ha tocado hacer cosas en el escenario que me han ruborizado a la hora de actuar pero no cuando lo escribí.

 

CHC: ¿Cómo se llevan el Samuel Gibert director y el Samuel Gibert actor cuando coinciden en una obra?
SGC: Me pongo a parir. El director Samuel le echa en cara al actor Samuel cosas como <¿Otra vez dirigiéndote a ti mismo?, ¿es que no te das cuenta de que puedes cagarla a base de bien?>. Entonces el actor le responde <¡Cállate! y dirige, tú sabes que puedo eso y más>. Están condenados a entenderse.

 

CHC: Yo he tenido la suerte y el placer de verle en uno de sus montajes –concretamente Las crónicas de Alain Telón- y por momentos me recordó a Chartlon Heston, a Jim Carrey, a Jack Nicholson, -a algunos porque el papel lo pedía-. ¿Le gusta imitar a los grandes actores?
SGC: Creo que estoy muy influenciado por todo lo que he visto a lo largo de mi vida, sobre todo por la televisión. Incluso cuando no quiero imitar estoy influenciado a fuego de muchas personas. Recojo cosas de muchas partes, la vida es una fuente de inspiración. Pero nunca he pensado , eso no me interesa. Quizás los personajes que han encarnado puedan inspirarme pero no he tratado de ser esos actores cuando actúo. Lo que pasa es que yo estoy influenciado por mucha gente a la hora de hacer mis personajes, y no sólo conocidos o populares. Todavía imito a profesores, vecinos o amigos cuando actúo y de eso no se da cuenta nadie. La capacidad de observación para un actor es todo un manantial de posibilidades.

 

CHC: Usted dirige, coordina e imparte clases de interpretación en la Sección de Interpretación Teatral de la Escuela Muzzik, de Bilbao. ¿Qué porcentaje del alumnado se apunta por verdadera vocación, qué parte por probar una inquietud y qué parte porque después del baile de salón, de la cerámica y del pilates, simplemente "toca" hacer teatro?
SGC: 5% por vocación con tendencia al alza en el trimestre del 2009... Es broma. Muchas personas me cuentan sus motivos para apuntarse a teatro, y cada uno me lo ha explicado de forma bien parecida a los ejemplos que das. Pero por lo que he visto, para la mayoría de las personas que se meten a teatro existe un motivo que tiene que ver con cosas tan importantes como <¿Es esto todo lo que soy, es que no soy nada más?>. Los motivos por los que vienen suelen ser diferentes a los motivos por los que se quedan y están a veces hasta cuatro o cinco años conmigo recibiendo clases de teatro. Sobre todo muchos se lo pasan genial y lo encuentran tremendamente enriquecedor y no tienen que justificar el porqué están por lo que están. Creo que es un error en el arte preguntarse por el objetivo personal de las cosas que se hacen, lo importante es hacer lo que quieres hacer porque te está llamando, porque crees que tiene que ver contigo. Y desde luego, quien hace teatro y después quiere hacer macramé dejando teatro es que no sabe qué hacer en general con su existencia. En cuanto a los vocacionales... Curiosamente son los que más bloqueos sufren a veces porque están pensado más en la vocación por cumplir que en el arte en sí mismo.

 

CHC: Como profesor, ¿identifica claramente a una <futura estrella>?
SGC: Puedo ver a alguien que vale mucho. Alguien que si se lo propone tiene muchas posibilidades de ser un gran artista. Pero una estrella no soy capaz de revelar porque las estrellas las coloca alguien con motivos muy variopintos.

 

CHC: Una hipótesis: se encuentra usted con un alumno/alumna que aspira fervientemente a ser actor/actriz y usted ve con total claridad que no vale para ello y que nunca va a llegar a nada, ¿le aconseja sinceramente no gastar dinero en balde o le deja vivir de la ilusión?
SGC: Yo con el talento de alguien para su propia vida no me meto. Si vale o no vale como actor no es cosa mía, yo me preocupo de que haga su labor lo mejor que pueda en mi escuela. Si se quiere ir a Madrid, por ejemplo, a buscarse la vida como actor, simplemente le diré si de verdad sabe a lo que se está enfrentando y no tanto por sus herramientas, sino por el hervidero al que quiere pertenecer. Pero no tener talento no está reñido con tener éxito. No seré yo quien chafe la fiesta a nadie por impresiones mías. ¿Quién soy yo para hacer eso? ¿Y quién puede o tiene la moral de decir algo asi?

 

CHC: ¿Cuál es, a su juicio, la mayor virtud de un profesor de teatro?
SGC: Saber actuar para y con sus alumnos, para que aprendan y entiendan. Vale más que todas las explicaciones del mundo. Esos profesores que sólo rajan sentados en una silla crean un aura difusa sobre ellos mismos, no los entiendo. Parecen asustados de ser descubiertos o algo así. Me gusta estar en escenario con mis alumnos más que estar en la silla rajando y soltando frases de libro.

 

CHC: ¿Y una actitud o una posición que jamás debe adoptar?
SGC: La derrota y la frustración. Siempre hay que estar positivo. También es importante... No, esto no lo voy a decir. Secreto, secreto...

 

CHC: ¿Con qué rango de edad del alumnado se encuentra más cómodo a la hora de impartir clases?
SGC: He aprendido mucho con todas las edades pero entre veinticinco y sesenta es la mejor franja de edad. Tienen experiencia en la vida y están todavía dispuestos a aprender algo de cero y con entusiasmo, y con retentiva voluntariosa, que es importante. Existen excepciones en todas las edades, claro.

 

CHC: ¿Cómo se enfrenta un profesor a un alumno/alumna con el ego subido y que se cree por encima del propio profesor?
SGC: Si me molesta le pido por favor que se quede conmigo después de clase. Que vamos a tener una charla... Nadie puede estar por encima del profesor. Se puede considerar opiniones y me puedo equivocar, pero el profesor tiene la última palabra.

 

CHC: ¿Cree que el recibir clases de teatro ayuda a vencer traumas, indecisiones...?
SGC: No, pero quizás aprendas a saber por qué los tienes o los has tenido. Eso sí, la actitud ante esos problemas recae ya bajo tu cuenta. Saber por qué tienes miedo y por qué te dejas dominar por él de poco sirve si no haces nada para cambiar la situación y para eso está la vida en sí misma. En teatro hay que entrar para cambiar de actitud, no para encontrar una solución a tus problemas. El teatro puede ser tan beneficioso como perjudicial si no se cambia la actitud.

 

CHC: En la Escuela Muzzik, como en casi todas, preparan una o varias obras de fin de curso. Me he fijado en que las de este pasado curso 2013-2014 han sido todas –a excepción de una suya-, de autores clásicos: Jardiel Poncela, Muñoz Seca, Ibsen. ¿Simple coincidencia o marcada preferencia por este estilo de teatro?
SGC: Y también Goldoni, Poncela, Molière, Shakespeare, Lorca, Casona... Sí, me gustan las obras de toda la vida. Son lo más cercano a mi cultura y a la de mis alumnos. Nos gusta trabajar sobre algo que ya tiene una categoría histórica y cultural. Se aprende mucho. ¿Cómo valorar lo bueno de lo moderno si no se aprende a valorar el pasado? No tener en cuenta esos autores sería traicionarlos. Además, en los buenos orígenes reside la frescura. Quizás las obras de Casona, Mihura o Poncela estén algo pasadas de fecha hoy en día, en parte por su lenguaje, pero su esencia sigue siendo un modelo a seguir en la dramaturgia actual. Además, su lenguaje es muy rico y repleto de sabiduria.

 

CHC: Como actor ha tocado también el cortometraje. ¿Qué diferencias ha encontrado con el teatro?
SGC: Encuentro los rodajes mucho más aburridos en general que el teatro. Alguna vez me ha gustado participar pero porque tenían los directores una visión profunda sobre lo que es contar una historia bien contada, y eso se da poco. En la mayoría de cortos se me hace muy pesado el esperar y también el estado de precipitación en el momento de rodar cámaras, es como si esperases eternamente a tener que hacer algo que después se hace a todo correr. Cuando se espera a rodar es una eternidad y cuando se rueda todo el equipo se vuelve loco y tiene ganas de hacer el trabajo y pirarse. Es muy desalentador a veces.

 

CHC: De tener que elegir, ¿con qué se quedaría?
SGC: Con el teatro.

 

CHC: Su estilo es agresivo, atrevido, irreverente, visceral, valiente... ¿Se considera un <animal> del escenario?
SGC: Soy muchas más cosas en escena, créeme. Puedo ser tierno, amable, amoroso, triste... Pero también soy esas cosas que tú citas. Y sí, me considero lo que David Mammet describía como un depredador escénico. Cuando salgo quiero devorar la escena.

 

CHC: Muchos actores y actrices se trasladan (o al menos lo intentan) a Madrid o Barcelona para dar un salto en su carrera. ¿No se puede vivir del teatro en Euskadi?
SGC: Quien va a Madrid y Barcelona busca no sólo la formación teatral, sino también la formación cinematográfica o televisiva. Si vives solo de los bolos teatrales en Euskadi lo tienes crudo, no siempre actúas ganando dinero. Más vale que tengas otra cosa en el bolsillo. Yo doy clases de teatro y tengo mi escuela, eso me da seguridad, ¡y no salgo de Bilbao!

 

CHC: ¿Y en Madrid o Barcelona?
SGC: Para vivir sólo del teatro tienes que ir a todas partes de España de gira porque en un solo sitio las obras pierden vigencia enseguida. Y no quiere decir que el trabajo sea para siempre. Nada es para siempre, eso es para unos pocos. Pero esto sucede en todas partes donde lo artístico se junta con la profesión.

 

CHC: Hay quienes opinan que en Euskadi el mundo del teatro es un coto cerrado en el que se valora más el amiguismo que la calidad artística. ¿Qué opina de ello?
SGC: Que me gustaria decir que no tienen razón los que dicen eso. Me encantaría decirlo, de veras... Pero no puedo. Supongo que el amiguismo es una forma de protección, protegen sus intereses y necesitan saber quién es amigo o enemigo dentro del club. Es normal cuando se trabaja en un mundo tan precario como éste. Se necesita gente de confianza, de mucha confianza y saber de qué van.

 

CHC: ¿Considera que aquí contamos con actores/actrices, escuelas, profesores, guionistas y directores de <primera división>?
SGC: Existe algo. En lo que se refiere a los actores y actrices creo que se pueden reunir una cantidad generosa de personas muy valiosas. Lo de las escuelas, yo la verdad es que las valoro en el sentido de que dan mucha vida teatral al panorama. Si no fuera por las escuelas y todo lo que mueven esto estaría muy muerto. Las escuelas hacen que la gente tenga más entusiasmo por el teatro, fomentan la asistencia a las obras y hacen que exista una cultura teatral. En cuanto si se da enseñanza de primera división... Siempre pienso que el nivel lo ponen profesores concretos con alumnos concretos y no tanto las escuelas. Sinceramente, creo que enseñar interpretación es algo muy relativo y cuestionable, ¡y mira que trabajo de ello! En cuanto a los guionistas y directores, bueno, creo que en la mayoría de los casos cada vez nos volvemos mejores imitadores de lo que se hace en otros países y lo que se ha realizado en el pasado. En ese sentido no ha cambiado nada la cosa desde hace décadas. Aunque pienso que los genios son los que consiguen no sólo imitar sino también dejar la huella representativa de su propia vivencia. Ver la relación directa y la buena comunión entre su cultura y la cultura universal.

 

CHC: ¿En qué estado se encuentra el panorama teatral en Euskadi?
SGC: Avanza por sí mismo por pura supervivencia y por dedicado amor al arte. Ha sacrificado muchas cosas por el camino y busca nuevos rincones y formas para sobrevivir. El teatro es un superviviente nato: si le cortas las extremidades andará con los muñones. En Bilbao emerge una nueva cultura teatral que busca atraer al público de una vez por todas tras tantos años de pesimismo y ver cómo cierran teatros y cines.

 

CHC: ¿Cree que las Instituciones y Organismos apoyan suficientemente al teatro en Euskadi?
SGC: Las instituciones y organismos, en cuanto las pelas, operan si existe negocio, o para dar imagen de que se preocupan, o si viene bien para sus intereses políticos. No quiero ser polémico con los beneficiarios de esto, pero algunos gobiernos autonómicos, dependiendo de la cuerda a la que pertenezcan, fomentan la cultura que responde a sus propios intereses políticos. Pero no les interesa el arte en la mayoría de las ocasiones. Y como forma de negocio el teatro es nefasto, si vienes a hacer dinero estás perdido. Alguien me comentó algo que dijo un político de aquí respecto a lo que es capaz de pagar un ayuntamiento o una diputación a una compañía teatral. La frase era más o menos <Nosotros los políticos sabemos que los actores actuáis incluso gratis. Asi que nos aprovechamos de ello>. Toma panorama. Pero ya nos hemos rendido a ese aspecto, nos montamos nuestros propios teatros, pequeños y mal situados, pero nuestros. Después los políticos estarán diciendo que el teatro prospera pero no gracias a ellos. Hemos conseguido que la gente piense que los del mundo del teatro y el cine nos aprovechamos de las subvenciones para no hacer nada que merezca la pena... ¿De quien será la culpa? Un poco de todos... Ha existido una obsesión por la subvención y muchos de todos lados han querido aprovecharse de eso. Conseguir el dinero para luego no se sabe qué. Dar a alguien una beca para estudiar interpretación suena a cachondeo, han querido dar imagen de que los actores somos como médicos o futuros científicos. Pasa lo mismo con la famosa escuela oficial de teatro que llevan diez años intentando abrir en Bilbao. Han usado los políticos ese proyecto para dar imagen de importarles el tema, y después lo han aparcado porque ya no les interesaba. Las excusas de la falta de dinero o el problema de la ubicación han tapado otras cosas que sólo puedo imaginar.

 

CHC: ¿Qué les pediría si pudiera hacerlo?
SGC: Creo que empezaría a construir teatros accesibles para todos, teatros municipales capacitados para llevar una vida comercial y con unos medios adecuados. Los centros cívicos hacen una labor pero es insuficiente. No están capacitados para llevar a escena obras de teatro. El problema es que arriesgas tu dinero de una forma desesperada por poder acceder en la capital a un escenario como manda la regla. No entiendo eso de dar cinco mil euros o diez mil a una compañía por financiar una obra de teatro o por escribirla si luego uno se vuelve loco para intentar actuar en teatros como mandan los cánones. ¿De qué sirve que te paguen un coche de lujo si luego no tienes carretera ni para rodar en tu propio pueblo? Construyan teatros municipales en condiciones, dignos y elegantes. Entre todos podemos mantenerlos. Cuando actuábamos y ensayábamos en centros cívicos nos decían a algunos que las instalaciones no eran lo suficientemente aptas para nosotros, que lo nuestro era ya demasiado profesional para el lugar. Yo entiendo esa posición. Pero cuando quería ser contratado en un teatro de fuste resulta que nos decían que no teníamos nivel para ese lugar, que nos faltaba nivel empresarial (o con palabras suaves que éramos unos don nadies que no asegurábamos taquilla suficiente).

 

CHC: ¿Cree que existe afición al teatro por parte del público vasco?
SGC: Creo que se acuden a las cosas que están de moda, sobre todo. Y esas cosas que están de moda tienen que hacer cosas pintorescas para atraer la atención. Ahora empieza a crearse una élite que va al teatro, que entiende lo exclusivo que tiene ver gente en un escenario actuando en vivo para ti. Pero se valora poco el trabajo que conlleva, en líneas generales, se quedan en lo superficial. La tradición teatral de Bilbao, por ejemplo, se esta sustituyendo por la moda de ir a ver cosas punteras y con mucha publicidad. Bueno, si tiene que ser así... Pero escucho lo van que mal las cosas con las taquillas, así que... No se sobrevive porque a cuatro cosas les va muy bien. Pasa lo mismo con el cine.

 

CHC: ¿Se valora más a actores y actrices de fuera que a los de casa?
SGC: Cuanto más populares a escala mundial son los actores más llaman la atención. A la gente le encanta a ir a ver una obra de teatro donde actúa tal actor de toda la vida que sale por la televisión estatal, y no tanto por la autonómica. Muchos rostros de actores populares del País Vasco y que trabajan en los límites de Euskadi los conocemos y los valoramos sobre todo los del gremio. El publico piensa mas en y no recuerdan el nombre, pero el provincianismo menosprecia en su fondo a sus vecinos actores cercanos por no ser <más> populares, por no tener ese reconocimiento dentro de la cultura popular en España. Para una densidad alta de población no eres gran cosa si no tienes relevancia en los medios de comunicación importantes. Y esto lo piensan todos en todos los ámbitos, no importa el credo político o social.

 

CHC: Si estuviera en su mano, ¿qué acciones emprendería para fomentar, difundir y potenciar las artes dramáticas?
SGC: Ya lo hago. Estoy dando clases de teatro a gente con el objetivo de que amen el teatro como algo importante, como forma de arte, como necesidad vital. Sólo haciendo que la gente entienda lo que supone hacer un arte serán capaces de valorarlo. Y además el arte sobrevive mejor si todo el mundo puede acceder a él. El arte sobrevive mejor si el pueblo lo fabrica que si espera que otros pocos lo hagan. Es mejor que todo el mundo toque el violín a obsesionarse con tener los mejores violinistas del mundo. Eso viene luego.

 

CHC: ¿Cuál es la obra que más le ha emocionado?
SGC: Enrique V me tocó mucho. Y tengo verdadera devoción por Hamlet, tengo en casa doce versiones diferentes en dvd. Son cosas que pasan en épocas de la vida concretas. Me encanta La taberna fantástica, me sé de memoria muchísimos pasajes.

 

CHC: Saliendo de nuestras fronteras, ¿qué opina de actores y actrices como José María Pou, José María Rodero, Nuria Espert, Lola Herrera, Irene Gutiérrez Caba... es decir, los considerados por la mayoría como "monstruos de la interpretación"?
SGC: Son primeros espadas y los currantes más importantes de nuestro tiempo. Mi opinión no tiene importancia. Dan categoría al panorama teatral.

 

CHC: Del teatro nacional actual, ¿a quiénes nombraría?
SGC: Al Brujo. Es auténtico. Tengo devoción por ese hombre, me parece un genio. Me gusta que Juan Echanove haga teatro todavía, admiro mucho su trabajo. A mí por lo general me parecen todos héroes los que se van de gira por España con una obra teatral, y además si es una apuesta personal. Deben tener algo que les hace valederos de participar en aventura semejante.

 

CHC: ¿Cree que hay actores y actrices que triunfan en teatro solamente por haber aparecido en series televisivas (generalmente dirigidas al público joven) o por tener simplemente una cara bonita?
SGC: Por lo general, las caras bonitas que aparecen en el teatro como efecto de su éxito televisivo tienen muy poca vigencia sobre las tablas sino son buenos actores. Una cara bonita en el teatro vende una imagen pero la gente se aburre enseguida al ver al famoso televisivo de turno en el escenario. Los productores saben que estiran una racha de fácil caducidad.

 

CHC: Y volviendo al interior de nuestras fronteras, ¿a quiénes destacaría?
SGC: Ramón Barea, Alex Angulo (un recuerdo para él), Maribel Salas, Itziar Lazkano... La gente que ha hecho todo lo que ha podido con arte, dignidad y respeto. Son todoterrenos, una inspiración de labor y perseverancia.

 

CHC: Pregunta típica y tópica pero que no pasa de moda ni pierde sentido si se la sabe responder en profundidad: El actor, ¿nace o se hace?
SGC: El actor nace, o también se hace. También puede no nacer y luego hacerse. Y puede nacer y no hacerse. Aptitud y actitud no va siempre de la mano. A pesar de todo el talento nato que tengas lo que importa es la actitud con la que trabajes.

 

CHC: Siempre se ha dicho que un autor refleja inconscientemente parte de sí mismos en sus obras ¿Puede un actor despojarse completamente de su personalidad y convertirse por dos horas en un personaje diferente?
SGC: Nadie en escena se despoja de su personalidad. Una cosa es que el cuerpo y la fantasía de cada uno muestre una personalidad diferente a la que tú eres, pero la verdadera personalidad de uno reside ahí dentro, controla lo que está haciendo y sabe que todo es ficción, una ficción bajo control. A uno no le viene un fantasma que ocupa su cuerpo y luego se va. La personalidad de uno, además, determina el estilo de tu interpretación.

 

CHC: ¿Es cierto que un actor está en continuo aprendizaje o se llega a un tope y de ahí no se pasa?
SGC: La vida de un actor evoluciona, sus conocimientos y su trato con el mundo varía, y eso hace que su trabajo actoral cambie y aprenda nuevas cosas. No se termina nunca de aprender, pero no es tanto que te queden libros por leer sobre el tema u obras por conocer, sino es más las experiencias que vives a lo largo de tu vida, que cambian y son muy variadas.

 

CHC: Saber actuar, ¿ayuda en algo en la vida real?
SGC: En algunos momentos puedes echarle morro y utilizarlo para cosas prácticas. Mucho de lo que nos conlleva la vida diaria incluye meterse dentro de un perfil. Pero nunca usarlo con los seres queridos y amigos, eso te pudre por dentro. Con los seres cercanos hay que compartir cosas, no es necesario convencerles de formas de ser, si eres sincero.

 

CHC: ¿Se atrevería con el cine?
SGC: Ya he hecho cine, el cortometraje es un genero cinematográfico. Y si surge una oportunidad y tengo ganas no veo ningún problema, salvo matices a negociar, claro. Hace poco estuve haciendo un personaje secundario en una película titulada Baile en el sindicato, me gustó mucho el rodaje, y espero ver la película pronto. Me lo pase muy bien, se rodo en un valle a veinticinco minutos en coche de Bilbao. Una gozada.

 

CHC: Si la respuesta es afirmativa, ¿qué papel le gustaría interpretar?
SGC: Cualquiera que desarrolle mi creatividad. Que saque lo mejor de mi arte y estilo. Si me pides algo más concreto pues me gustaría hacer de alguien con poder, el tema de poder y el uso de él me ha atraído mucho siempre. Me encantaría hacer un personaje histórico, también.

 

CHC: Para terminar: un consejo a todos aquellos y aquellas que sienten inclinación por el teatro y que desean iniciarse como actrices y actores.
SGC: Pues que busquen y reconozcan en su interior verdadero qué es lo que quieren aportar y no tanto de lo que se quieren servir, si a pesar de no conseguir vivir de ello seguirán ensayando y actuando por cuatro perras o ninguna, o por amor al arte... entonces se podrán considerar artistas. Que busquen primero ser artistas y luego intenten vivir de ello si pueden. Porque aquí estamos para disfrutar de este arte, por encima de todo y enriquecerlo, no sólo ganar fama y dinero. Sino es así es que están buscando otra cosa que no tiene nada que ver con el teatro. ¡Vivid el teatro! Recordad aquello de <Con dinero o sin dinero, yo hago siempre lo que quiero...>. Templad vuestros sueños y forjad vuestro espíritu. No está mal, ¿eh?

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